viernes, 29 de mayo de 2009

fauvismo

Yo Una explosión de color y libertad: Fue Louis Vauxcelles el que bautizó el nuevo movimiento como Fauvismo, escribió el artículo "Donatello entre las fieras" con motivo de lo visto en el Salón de Otoño de 1905. Ellos recibieron el epíteto con gran honor, ya que se sentían ante todo unas fieras del color. Son "animales" pero con instinto sosegado a la hora de pintar. Para hablar de los orígenes, tenemos que recordar a Gauguin y a Van Gogh, ya que ellos, huyendo del Impresionismo apostaban por obras intensamente coloreadas. Es revelador el consejo de Gauguin al hablar de la importancia del color puro: "...¿Esta sombra es más bien azul?, píntela de azul marino, ¿Las hojas son rojas?, póngale bermellón..." . Son palabras que constituyen este nuevo modo de ver, o mejor, de entender la vida. Es por ello que el Fauvismo no se interese por la introducción de nuevos temas, se tratan los géneros de siempre: el retrato, el paisaje, interiores de vivienda, naturalezas muertas... .





obra de matisse :






El tema puede considerarse como punto de arranque para posteriores soluciones. Si este tema se observa con los ojos entornados, resulta más amarillo, estableciéndose así la idea de equilibrio. Este equilibrio cromático, es asombroso, contrarresta de modo perfecto las manchas rojas con las verdes. El rostro se configura en torno a una línea verde que sustituye la nariz de la retratada. La zona de la nariz y la boca roza lo monstruoso, la belleza se ha perdido. Lo feroz y zoológico es el resultado de la situación pictórica. Es como si Matisse quisiera eliminar toda la psicología que podría transmitir el retrato para reconciliarse con el mero acto de pintar. Era sencillo el abstraerse de emotividades en géneros como el paisaje o el bodegón, pero en el retrato supone un reto difícil de conseguir.














H. Matisse, Autorretrato, 1906, óleo sobre lienzo, 55 x 46 cm, Statens Museum for Kunst, Copenhagen
























Matisse, padre del color: Matisse descendía de una familia de comerciantes de cereales. Empezó a pintar en 1890, año en que abandona sus estudios de jurisprudencia. En París se inscribe en la Academia Julien y luego en la Academia de Bellas Artes digirida por Moreau, que proponía que no se copiaran las obras de modo mimético. En el Louvre frecuentó a los grandes maestros, e incluso llegó a copiar sus cuadros. Pronto puso en tela de juicio la noción de estricta imitación de la realidad. Matisse apuesta por la esencia y no tanto por la apariencia de realidad fotográfica






obras de andre derain










André Derain, Las bañistas, 132.1 x 194.8 cm, Óleo sobre lienzo, MOMA. Nueva York






Características generales: Junto con Vlaminck, perteneció a la llamada "escuela de Chatou". Ambos se conocieron al averiarse el carril en que viajaban, charlando se dieron cuenta de su pasión por la pintura. Ambos amaban los empastes rotundos, la pincelada rápida, los contrastes brutales, lo espontáneo... .Derain es de mayor refinamiento. Su pintura está tocada de cierto intelectualismo. Le influyó el Cubismo y el primitivismo. Descubrió a Cézanne, por lo que vuelve al bello orden envuelto de elgancia natural. Derain y Matisse pasan un verano juntos en Collioure, crearon una poética visual que atrae a los demás amigos y lo irradian a Europa y América.

viernes, 17 de abril de 2009

monje a la orilla


Cuadro
-->Monje en la orilla del mar Autor:Caspar David Friedrich Fecha:1808-10 Museo:Staatliche Museen de Berlín Características:110 x 171,5 cm. Material:Oleo sobre lienzo Estilo:Romanticismo Alemán
Si en Bruma matinal en la montaña Friedrich rompe con el paisaje clásico, esta obra es una de las más revolucionarias en la vida del artista. Fue tal su impacto cuando se expuso en la Academia de Berlín en septiembre de 1810, que el príncipe heredero, el joven Federico Guillermo de Prusia, la adquirió para la corte junto con su pareja, la Abadía en el encinar. Ante la perplejidad reinante en reacción a la obra, el escritor Heinrich von Kleist, admirador de Friedrich, describió la contemplación con el elocuente aforismo: "parece... como si a uno le hubieran cortado los párpados". En efecto, un gran muro de cielo lo abarca todo, un espacio indefinido y ajeno, extraño, se extiende ante nosotros. Comenzada en 1809, la obra atravesó varias etapas hasta su exposición en 1810. Para aguzar su impacto, Friedrich eliminó varios barcos que luchaban contra el mar y un cielo tormentoso, estrellado e iluminado por la luna, purificando así la visión, reducida en cuanto a figuras al monje capuchino anonadado ante la inmensidad. La playa, el mar y el hombre se ven confinados a una diminuta existencia. Las tonalidades cooperan a ello: ante un mar negruzco, la playa, gris y azulada, sostiene al monje, con su hábito marrón. Se enfrenta solo al universo, reflexiona con la cabeza apoyada en la mano. Se halla, compositivamente, en un lugar predominante, en lo alto de una leve duna de la playa. Según el diario de un contemporáneo, se trata del mismo Friedrich. Su soledad pudo verse en parte incrementada por la muerte de su padre en noviembre de 1809. En cierto modo, presenta una meditación de la muerte en la tradición de la "vanitas" barroca, ante una naturaleza indiferente. Eliminada toda narración, toda sensación atmosférica - ni siquiera se define el día respecto a la noche -, se nos invita a la interiorización de la visión. Esta abstracción no sólo rompe con el paisajismo clásico, en singular el holandés de J. Van Ruisdael, sino que se aleja de otros románticos como Turner. A diferencia del británico, Friedrich hace primar la idea sobre la dinámica de lo sensible. Paraliza toda sensación física y construye la obra de manera que las impresiones físicas producidas por el paisaje han de ser trascendidas. Se ha señalado la influencia de esta obra sobre el arte contemporáneo, en especial Mark Rothko ya que, a su manera simbólica, destruye el espacio y el tiempo. La imagen no posee un punto de vista, sino que se elabora sobre una serie de situaciones visibles en un espacio de perspectiva invertida, pues prima el fondo sobre el primer plano. Además, no hay transición entre los términos. Esto, la carencia de un primer término, fue lo que llevó a Kleist a la afirmación antes recogida. Tras el éxito de estas obras, Friedrich fue elegido miembro de la Academia de Berlín en noviembre de 1810, con un márgen mínimo: cinco votos a cuatro. Su concepción revolucionaria del arte chocaba con la clásica de Gottfried Schadow, vicepresidente a la sazón de la Academia